9 de enero de 2018

Reseña : París en el siglo veinte - Jules Verne

Hola bookdiseos, empezamos el año con una entrada que pensábamos publicar antes pero que, por problemas técnicos, tuvimos que posponer hasta hoy. Antes que de nada nos gustaría felicitaros el comienzo del año y desear que este sea un año fructífero en cuanto a libros y al resto de cosas buenas de la vida.

Quiero empezar con la reseña de un libro que terminé hace relativamente poco, y que se convirtió en el primer libro leído este año. Se trata de Paris au vingtième siècle (Paris en el siglo veinte), de Jules Verne. Previo a que os cuente mi experiencia leyendo este clásico de la ciencia ficción, dejadme que os acerque a la historia de este libro.

Para el año 1860 Verne había escrito algunas obras menores que le habían acercado a Alexandre Dumas y algunos de sus primeros éxitos, como Cinco semanas en globo, que fueron publicándose durante la década de los 60 en el siglo XIX. Estas novelas auguraban lo que su editor Pierre-Louis Hetzel ya había visto, que se convertiría en uno de los novelistas franceses más importantes, por sus profundos conocimientos de geografía y su habilidad para introducirlos en obras que representaban a la perfección el ansia de descubrir hasta el último rincón del planeta tan característica de la cultura decimonónica.

Sin embargo, junto a estos escritos, Verne le remitió a Hetzel una obra que le causó un gran desagrado como editor. En efecto, se trataba de París en el siglo veinte, una novelita de anticipación que imaginaba París en 1960 como una megalópolis industrial, donde el afán por la ciencia había borrado toda huella de pasión por lo artístico. En este París, la belleza artística e intelectual solo puede, y debe, encontrarse en todo aquello que reporte algún beneficio útil, como la matemática, la física o la química. La composición poética y la cultura grecolatina (muy queridas a Verne y al protagonista de la novela, que no deja de ser un trasunto del autor) son observadas con desdén y hasta cierto sentido del ridículo.

Como ya sabéis, prefiero que hablen los mismos autores de los textos, así que os traduzco parte de lo que Hetzel le dijo a Verne:

«Mi querido Verne, daría lo que fuera por no tener que escribirle hoy. Usted ha comenzado una faena imposible, y al contrario que sus esfuerzos en cosas análogas, no ha sabido llevarla a buen puerto. Está a cien pies por debajo de Cinco semanas en globo. Si usted se leyera dentro de un año, estaría de acuerdo conmigo. Es un relato de diario y sobre una materia poco exitosa.
»Yo no esperaba algo perfecto; le vuelvo a decir que sabía que usted intentaba lo irrealizable, pero esperaba más. No hay en el texto una sola cuestión resuelta sobre un futuro serio, ni una crítica que no parezca a una arremetida ya hecha y rehecha. Y si algo me sorprende es que usted haya hecho de un tirón y como empujado por una divinidad una cosa tan penosa, tan poco vivaz…»

También añadía que el público pensaría que su obra anterior sería un milagro, a la luz de esta otra novela, y que le haría más mal que bien a su trayectoria literaria. La verdad es que Hetzel es duro en la carta, pero no se puede esperar menos del editor responsable de publicar a autores como Víctor Hugo, Balzac, Lamartine o Baudelaire.

Así que París en el siglo veinte se quedó en un cajón hasta la fecha de 1994 (¡134 años después de su redacción!) cuando Piero Gondolo della Riva encuentra, establece y edita el texto. Entonces el texto adquiere una importancia que Hetzel no pudo ver en su momento. París en el siglo veinte es el testimonio del futuro que vislumbraban algunos cien años antes de que ocurriera, y eso nos sirve para comprender más su presente que el nuestro. Porque todas las novelas de anticipación habitan en una paradoja: ellas son más una exageración del presente, que una vista real del futuro.

Y después de esta historia apasionante, en la que recomiendo que profundicéis, me despacho rápido con mi opinión.  El texto está bastante bien en base a esa perspectiva que he dicho antes. Siempre es maravilloso leer desde el futuro los futuros del pasado. Pero esta novela tiene fallos. Los diálogos son muchas veces innecesarios, la crítica es poco sutil y los desarrollos de la trama y del personaje principal parecen de escritor en ciernes. Y precisamente lo que se percibe es lo que es, que todavía Verne tiene mucha carrera por delante y mucho que aprender.

No os voy a camuflar la verdad. La novela no es buena, pero sí es valiosa, cosa que siempre aparejamos, pero no siempre son pareja. A todo amante de la ciencia ficción debería leer este texto clásico, sobre todo si quiere prosperar y crecer como escritor de este género. Para los demás, es un texto gracioso por lo juvenil y entretenido por las descripciones.

Ya sabéis, comentadme lo que queráis.

¡Salud y lectura!

31 de diciembre de 2017

¡Hasta el año que viene!

El año se acaba, bookdiseos, y nos gustaría cerrarlo echando la vista atrás y recordando los libros que han marcado este 2017. Es por ello que os planteamos, como última entrada antes del inicio de 2018, una entrada conjunta de los miembros de Bookdisea. ¿Empezamos?

Norte

Norte ha elegido tres libros, por su costumbre de leer de tres en tres, cada uno de los libros en español, inglés y francés:


1.      Los Pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán, porque le ha descubierto a una grandísima autora, así como lo ha reconciliado con la narrativa realista-naturalista española. (reseña)

2.     4 3 2 1, de Paul Auster, por la capacidad de su autor de crear historias absolutamente fascinantes donde la realidad y la ficción pertenecen al mismo plano existencial. (reseña)

3.     Le père Goriot, de Honoré de Balzac, terminado hace cuatro o cinco días, porque Balzac siempre da en el clavo, ¡siempre!

Este
Este ha elegido también tres libros, porque no podría decantarse por uno solo:

1.      Kitchen, de Banana Yoshimoto, porque ha encontrado a una autora increíble, cuyo reflejo de la soledad es poesía. (reseña)

2.     El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, R. L. Stevenson, por la profundidad psicológica de la narración, que cambió sus ideas preconcebidas respecto a la historia.

3.     Último día de un condenado a muerte, de Víctor Hugo, porque reflexiona maravillosamente sobre un tema que a Este, por su profesión, le resulta clave.

Sur
Sur, como acostumbra, ha sido tajante:

1.      El azar y viceversa, de Felipe Benítez Reyes, porque no solo es su autor vivo favorito (y casi de los no vivos también, con excepción de Cortázar), sino por esa capacidad tan del sur (nunca mejor dicho) de hacer reír al contar cosas por las que habría que llorar, y la habilidad de mezclar lo fantástico y lo mágico con lo real.

Oeste
Oeste ha sido el único miembro que ha reconocido que ningún libro ha marcado especialmente su 2017, a no ser que se quede con los que lo han marcado para mal. Nos parece importante su caso, porque no hay que tener miedo de decir que, realmente, ningún libro ha sido el libro.

Hasta aquí nuestra pequeña entrada de final de año. Ya sabéis, bookdiseos, pasadlo bien, tened un próspero 2018 lleno de salud, felicidad, amor y… ¡LIBROS!

Un fuerte abrazo,

15 de diciembre de 2017

Guardaos de alturas y bajezas

Queridos bookdiseos, en primer lugar, disculpad la inactividad del blog, estamos en unos meses algo complicados y tenemos infinidad de compromisos académicos y profesionales. Sin embargo, esperamos aprovechar las vacaciones de Navidad para organizar nuestros contenidos y ofreceros lo mejor de nosotros.

En segundo lugar, vamos al lío. He estado viendo por ahí en las redes sociales, de las que ya sabéis que me suelo nutrir para aportar nuestro granito de arena a todas las discusiones, un debate en torno a los conceptos de «alta literatura» (AL) y «baja literatura» (BL). En estas discusiones, la posición mayoritaria, por lo menos entre nuestros seguidores, es la del rechazo a la AL. Paso a resumir, en la medida en la que me sea posible, sus argumentos.

Entre las críticas se acusa a la AL de circunscribirse a una serie de subgéneros narrativos (la discusión siempre gira en torno a la narrativa, pobres poesía y teatro) tales como la comedia de costumbres, la novela filosófica o la novela de memoria. Como tales no mencionan estos géneros, pero se deja intuir que se refieren a estas etiquetas que tan absurdas son pero que tanto nos sirven para el consenso. Frente a estos subgéneros contraponen una BL que se compone de los géneros de ciencia ficción, terror, novela negra, novela romántica y novela fantástica. En cuanto a los géneros, no hay más argumentos.

Los siguientes vienen en cuanto a la forma. Se acusa a la AL de carecer de trama y confiar demasiado en el buen hacer y la técnica de los autores. La AL, bajo esta perspectiva, se compone de literatura cuyos fundamentos se basan en un lenguaje pretendidamente ornado por parte del autor, sin una historia real que contar. La BL, por otra parte, quizás cuenta con una menor cantidad de recursos técnicos por parte de sus autores, pero posee una trama y algo que contar.

Creo que en los dos párrafos superiores he más o menos condensado la argumentación principal que se esgrime con respecto a este tema. Si os parece, paso a dar mi opinión al respecto.

A mi parecer, este debate parte de una confusión inicial que lo sitúa más en una poética y una estética del siglo diecinueve que en nuestro siglo. Juzgar AL y BL en base al género es un criterio ciertamente desfasado, que no responde siquiera a los criterios académicos actuales (y mira que los criterios académicos cambian poco). Es cierto que hasta el siglo dieciocho, gracias especialmente por el influjo de la cultura grecolatina, se divide la AL y la BL por géneros, donde sorprendentemente sale la novela en general como BL (normalmente la gente que no conoce esto flipa cuando se entera), así como la comedia, mientras que la poesía y la tragedia, así como los escritos narrativos filosóficos y científicos se quedan en la AL. Sin embargo, ya en el siglo diecinueve empieza a cuestionarse estas AL y BL, y la novela pasa a pertenecer a AL, bajo unos estrictos subgéneros. Sin embargo, ya es en el siglo veinte cuando esta concepción de subgéneros AL y subgéneros BL queda completamente descartada, especialmente con el movimiento Posmodernista. El auge de la llamada «cultura pop» y su mezcla con la cultura intelectual (por motivos sociales, ya de eso hablamos otro día) fue la razón de romper con esa idea.

Ahora bien, también hay otro error de base, y es esa generalización, un tanto ignorante (no como insulto, sino como genuino desconocimiento), que se produce al decir que la AL no tiene trama y confía en el saber hacer de sus autores. Necesariamente, atendiendo a mi argumento anterior, esto se desmonta. Existe AL con trama y BL sin trama, y viceversa. Tampoco escapan a la AL el género fantástico, la novela romántica, la ciencia ficción, la novela negra o el terror, ni a la BL la novela filosófica o la comedia de costumbres. Entonces, ¿qué es AL y qué BL?

La AL se considera así porque hay una voluntad universalista que no se debe confundir con determinista, ni universalista en sentido religioso o político. La AL persigue una obra cuyos supuestos literarios condensen ideas de una determinada época y las coloquen en la galería de ideas que constituyen la evolución humana. Dicho de otra manera, la AL busca una obra de arte que se pueda leer dentro de cincuenta años y sirva para comprender el tiempo en el que fue escrita.

¿Requiere esto que se corresponda a una estética determinada? Pues realmente no. Ahí están los grandes de la ciencia ficción y la fantasía del diecinueve y principios del veinte. Frankenstein es una de las mejores muestras de novela filosófica, o The Time Machine, o 1984, o Brave New World, o, de total actualidad, The Handmaid’s Tale. Y esto por poner ejemplos de AL en géneros que esta discusión pone como BL, bajo un criterio anticuado. O, por ejemplo, El guardián entre el centeno, una novela que desafió las convenciones literarias y fue criticada precisamente por los sectores clasistas de la literatura.

La BL, por su parte, tiene una voluntad más comercial, y vinculada a una obra perecedera. Por ello hay autores de moda, cuyos libros quedan descatalogados al cabo de pocos años. La BL no pretende condensar nada, y su lectura en décadas posteriores se reduce exclusivamente a las realizadas por estudiosos de la literatura comercial en otras épocas (como los que estudian la literatura comercial del siglo diecinueve). Esto nos lleva a algunas de las obras de Verne, por ejemplo, a editoriales como Harlequin o a mucha de la Literatura Juvenil que sigue criterios comerciales en masa. También a muchos Premios Planeta, pocos Premios Nobel y muchos Booker Prize o Goncourt.

Pregunto, ¿quiere decir esto que la AL es buena y la BL mala? Pues sí, la verdad. ¿Un buen lector lee AL? Sí. ¿Un buen lector lee BL? También. ¿Qué define a un buen lector entonces? Un buen lector es aquel que lee con criterio. El buen lector debe saber a qué se enfrenta cuando abre un libro. Eso es clave, leer con cabeza.

Lo que debemos alejar ante todos son los dos extremos, el del canon literario reaccionario (de eso hemos hablado en Twitter) que defiende una literatura clasista y, en muchos casos, heteropatriarcal; y el de aquellos que siguen criterios anticuados por reivindicar, en una especie de victimismo romántico, una BL de calidad que en realidad es AL. Una vez consigamos esto, nos dejaremos de discusiones mal configuradas. La distinción está clara: la AL puede ser pensada, analizada y reanalizada, aproximada desde un gran abanico de perspectivas, y demuestra el trabajo sincero y honesto de un autor que se siente parte de un proyecto literario a escala histórica (lo siento Reverte, te caíste de la lista); la BL difícilmente nos lleva más allá de lo que está escrito, independientemente de si está bien narrada o tiene una trama embrollada.

Bueno, aquí acabamos. Disculpad la longitud del texto, pero ya sabéis que me gusta ser claro. No tengáis miedo y opinad, decid lo que queráis, por aquí o por nuestras redes.

¡Salud y lectura!

4 de diciembre de 2017

Reseña: 4 3 2 1 - Paul Auster (o la multiplicidad del ser)

A principios de este año, que está a punto de acabar, salió publicada la nueva novela de Paul Auster después de bastante tiempo sin escribir ficción. Pues bien, a finales del mismo año os propongo una reseña de esta novela (también fue otra obra austeriana nuestra recomendación del mes de octubre), para que, si aún no tenéis claro qué queréis estas Navidades, os sirva de ayuda para decidiros.

4 3 2 1 nos acerca a la vida de Archie Ferguson o, mejor dicho, a las múltiples vidas de cuatro versiones del mismo Ferguson a través de la segunda mitad del siglo XX en Estados Unidos. Acontecimientos como la posguerra, el asesinato de Kennedy, la guerra de Vietnam o las revueltas sociales estadounidenses (los disturbios de Newark, los altercados de Columbia…) transitan por la vida de los protagonistas. A partir de ahí, cada una de las vidas pasa por circunstancias diferentes y, a la vez, paralelas.

No me gustaría destriparos esta novela, porque debéis descubrirla por vosotros mismos. Pero sí me gustaría contaros la filosofía que subyace detrás de 4 3 2 1. La idea, según el autor y para no atribuirme méritos más allá de los atribuibles, es la siguiente:

The persistent feeling that the forks and parallels of the roads taken and not taken were all being travelled by the same people at the same time, the visible people and the shadow people, and that the world as it was could never be more than a fraction of the world, for the real also consisted of what could have happened but didn’t, that one road was no better or worse than any other road, but the torment of being alive in a single body was that at any given moment you had to be on one road only, even though you could have been on another, traveling toward an altogether different place.

La persistente sensación de que las bifurcaciones y paralelas de los caminos emprendidos y no emprendidos las recorrían las mismas personas al mismo tiempo, la gente visible y la gente en la sombra, y de que el mundo tal y como era no podría nunca ser más que una fracción del mundo, pues lo real también se componía de lo que podría haber ocurrido pero no, de que un camino no era mejor o peor que cualquier otro camino, pero el tormento de estar vivo en un solo cuerpo era que en todo momento tenías que estar solo en un camino, incluso aunque pudieras haber estado en otro, viajando hacia un lugar completamente diferente.

Esta idea parte de una mezcla de la teoría de Kierkegaard sobre la angustia de la existencia, el existencialismo de Sartre, el existencialismo absurdo de Albert Camus, la concepción del entendimiento según Hume, todo ello con una base de platonismo y una constante referencia al poema “The Road Not Taken”, un clásico americano de Robert Frost. Sin duda, esta idea refleja la condición humana contemporánea, esa sensación de estar constantemente, más que en una encrucijada (eso es más de época moderna), en un plano de existencia que se desdobla constantemente y nos sugiere vivencias alternativas. Pero ya paro, que me pongo filosófico.

Pero más allá de esta idea de una novela erudita, que lo demuestra a través de referencias variadas y no exclusivamente canónicas (la importancia del estigmatizado Frank O’Hara lo deja claro), aunque muchos idiotas tachen de superficial a este autor más por prejuicios ideológicos que por evidencias, 4 3 2 1 se consagra a la ciudad de Nueva York. Auster vive en Brooklyn y nació en Newark (la novela tiene mucho de autobiográfica) y, a lo largo de su producción, describe numerosas versiones de la ciudad neoyorquina. Si sois unos enamorados de la ciudad que nunca duerme, de sus calles, sus rascacielos, su enormidad frente a la insignificancia humana, esta novela satisfará vuestro chute de Nueva York.

La variedad de nuestro público aquí y en redes sociales me reafirma en la idea de que esta novela puede resultar polémica a la hora de leerla. Muchos dirán que esta es una novela para los enamorados de la literatura de corte clásico y universal, y juzgarán que esta novela no la puede leer cualquiera. Creo que esto falla de base. Esta novela es literatura clásica, de eso no hay dudas, pero esta novela sí la puede leer cualquiera. Es más, cualquiera que desee pasar de la Literatura Juvenil a la Ficción Adulta (en fin, puestos a etiquetar...) encontrará en esta novela un puente perfecto. 4 3 2 1 combina los mejores ingredientes y creo firmemente que quien emprenda la lectura de esta novela debe hacerlo con la intención no solo de leer, sino de aprender. Yo la he leído en inglés, pero podéis encontrarla en español publicada en Seix Barral.

Aquí acabo. Espero que leáis esta novela, si no la habéis leído. Y, si la habéis leído, espero que os haya gustado tanto como a mí. Me encantará leer vuestras opiniones.

¡Salud y lectura!

CONTENIDO EXTRA:

Ya sabéis que me encanta poneros alguna cosita más. Os dejo el poema de Robert Frost que menciono en la reseña. La traducción es mía:

TWO roads diverged in a yellow wood,     
And sorry I could not travel both    
And be one traveler, long I stood    
And looked down one as far as I could       
To where it bent in the undergrowth;

Then took the other, as just as fair, 
And having perhaps the better claim,        
Because it was grassy and wanted wear;  
Though as for that the passing there          
Had worn them really about the same,

And both that morning equally lay 
In leaves no step had trodden black.          
Oh, I kept the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way,     
I doubted if I should ever come back.

I shall be telling this with a sigh      
Somewhere ages and ages hence:  
Two roads diverged in a wood, and I—     
I took the one less traveled by,        
And that has made all the difference.


Dos carreteras divergían en una arboleda amarilla,
Y, triste por no poder transitar las dos
Y ser un solo viajero, largo tiempo me quedé
Y miré una tan abajo como podía
Hacia donde se curvaba entre matorrales;

Entonces tomé la otra, igual de hermosa,
Y quizás poseedora de mayor reclamo,
Porque la invadía la hierba y pedía uso;
Aunque el hecho de pasar por allí,
Había desgastado ambas más o menos igual,

Y ambas yacían iguales aquella mañana
Entre hojas que pisada alguna holló hasta ennegrecerlas.
¡Ah! ¡Me dejé la primera para otro día!
Aun sabiendo de qué manera un camino lleva a otro,
Dudé de que alguna vez volviera.

Contaré esto entre suspiros
En algún lugar a eones de este momento:
Dos carreteras divergían en una arboleda, y yo–
Yo tomé la menos transitada,
Y aquello ha marcado toda la diferencia.

1 de diciembre de 2017

Recomendación del mes: La extracción de la piedra de la locura. Otros poemas – Alejandra Pizarnik

¡Feliz diciembre, bookdiseos! Esta vez me toca a mí haceros la recomendación del mes. Hay tantos libros que me gustaría daros a conocer que la decisión se me hace cada vez más dura.

Tras un largo rato paseando mis manos por las baldas de mi estantería, creo haber encontrado un libro que merece, sin duda, ser leído por vosotros, nuestros lectores.

Así, este mes vengo a hablaros de una poeta y traductora argentina, Alejandra Pizarnik. Muchos de vosotros quizá ya la conozcáis por sus famosos y dolorosos diarios, sin embargo, yo quiero acercaros hoy a su poesía, en concreto a La extracción de la piedra de la locura. Otros poemas, edición a cargo de la colección de Visor de Poesía.

Es esta una obra de compendio en la que se recogen poemas desde 1956 (La última inocencia) hasta 1971 (El infierno musical), un año antes de su muerte. Me gusta especialmente este libro precisamente por este motivo, ya que se aprecia de manera clara la evolución en la poesía de la argentina. Sus inicios están fuertemente marcados por el minimalismo. Sus poemas son breves y esencialistas, un par de versos le bastan para expresar su «lúgubre manía de vivir» («La enamorada»). No obstante, a medida que pasan los años y se van sucediendo sus poemarios esa poesía se alarga, se extiende deliciosamente acercándose cada vez más a lo que podemos denominar como una prosa poética muy influenciada por el surrealismo y la escritura automática.

Pizarnik es una autora difícil, pues difícil también fue su vida. Grandes estudiosos de esta autora explican que desde su infancia la existencia de Alejandra estuvo marcada por la comparación con su perfecta hermana, su condición de outsider (pues, la familia de la autora era de origen ruso y ella siempre se sintió extranjera en todas partes) y sus enfermedades, entre ellas, el asma. Esto hizo que la autoestima de la poeta se viera mermada para siempre, cayendo y recayendo en estamos depresivos que terminaron en un suicidio en 1972 por sobredosis de fármacos durante su ingreso en un psiquiátrico.

Su poesía se tiñe de oscuridad y pesimismo y se convierte en el cauce de expresión de la amargura que supone su existencia. La muerte es en su poesía la gran protagonista. Sin embargo, esta muerte no es negra, en absoluto, sino que se nos presenta en variado colorido:

… La muerte es una palabra.
La palabra es una cosa, la muerte es una cosa, es un cuerpo poético que alienta en el lugar de mi nacimiento.
[…]
… La muerte azul, la muerte verde, la muerte roja, la muerte lila, en las visiones del nacimiento.
                                                        «El sueño de la muerte o el lugar de los cuerpos poéticos»

La inocencia como paraíso perdido, pero también peligroso es otro de sus temas favoritos. Asimismo, Pizarnik nos muestra una multiplicidad de voces que se aúnan en una sola en un diálogo con ella misma y con todas las facetas que componen su ser. Y es que citando a uno de mis autores favoritos «todos llevamos una triple vida, sustentada en tres pilares: lo que creemos ser, lo que quisiéramos ser y lo que en verdad somos» (de El azar y viceversa, Felipe Benítez Reyes).

Leer a Pizarnik, no os lo niego, duele mucho. La verdad de sus versos resuena en tu cabeza como una letanía imposible de ignorar, incluso aunque sus vivencias nada tengan que ver con las nuestras. Alejandra es a la poesía en lengua española, lo que Sylvia Plath o Anne Sexton son a la poesía en lengua inglesa. A veces necesitamos leer a los demás, para conocernos más a nosotros mismos. Y yo, queridos lectores, he de reconocer que desde que la leo, sé mejor quién soy. 

25 de noviembre de 2017

5 personajes femeninos contra las convenciones

¡Hola bookdiseos! Celebramos hoy el Día contra la Violencia de Género. Digo celebrar porque, ante todo, debemos acometer nuestra lucha con esperanza y optimismo, y, por tanto, celebrar cada pequeño paso hacia adelante (por pequeño que sea) como la proeza más grande, destinada a erradicar de nuestro mundo la lacra de la violencia contra las mujeres.

En la entrada de hoy, me gustaría proponeros una lista de personajes literarios femeninos que, en su día, rompieron las convenciones establecidas en torno a la mujer. Mi propósito ha sido, además, el de tener en cuenta de dónde viene la narrativa en torno a estos personajes para procurar que, en la medida de lo posible, estos personajes femeninos provengan de un seno creador femenino. Bueno, ¿empezamos?

5. Colette, personaje de Le pur et l’impur, de Colette

Empezamos con un personaje que también es autora, como ocurre en el caso de la escritora francesa Colette. Ella escandalizó a la sociedad francesa de principios del siglo XX con su estilo de vida abiertamente bisexual, que transmitió en gran medida a través del libro Le pur et l’impur.

Colette desafía las convenciones establecidas en torno a la mujer no solo a través de sus relaciones tanto con hombres como con mujeres, sino con una estética que inhibe las fronteras binarias del género. Se pueden encontrar imágenes de Colette tanto en ropajes femeninos, como en traje de chaqueta masculino. Musa de muchos, Colette representa el espíritu más bohemio de la sociedad francesa.

4. Jane Eyre, personaje de Jane Eyre, de Charlotte Brontë

Tenía mis reservas al escribir sobre Jane Eyre, porque al final acaba sometiéndose y cumpliendo con las expectativas impuestas por los discursos. Sin embargo, como lo hace a regañadientes, tras dar lo suficiente que hablar y conseguir una posición de superioridad con respecto a su marido (de acuerdo con los estándares victorianos), al final me he reconciliado con ella. Jane Eyre representa el espíritu de la mujer joven que cuestiona los comportamientos y actitudes esperados en ella por parte de la sociedad.

De hecho, Jane Eyre rompe los moldes de la mujer victoriana cuando rechaza los cortejos de varios hombres de posición muy superior a la suya, así como cuando pretende por todos los medios mantener una vida independiente económicamente. Sin duda, la mejor frase de labios de ella en la novela es: “I am no bird, and no trap ensnares me! I am a free human being with independent will” («¡No soy ningún pájaro, ni ninguna trampa me atrapa! Soy un ser humano libre con una voluntad independiente.»)

3. Adela, de La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca

¿Qué se puede decir de la grandiosa obra maestra de Federico García Lorca? Nada que no se haya dicho ya, desde luego. Adela representa, nuevamente, la fuerza femenina juvenil en un plantel de mujeres fuertes, pero que, en distintas medidas, van cumpliendo su rol dentro de la sociedad.

Adela se rebela frente a lo establecido y lucha por vencer. Sin embargo, como ya sabréis, esa batalla es muy difícil de librar. Pese a ser un personaje escrito por un autor hombre, se sabe bien que Lorca era un maestro del retrato femenino, sin caer en los estereotipos de los hombres que han escrito sobre mujeres (sí, sí, me refiero a vosotros, Flaubert y compañía).

2. Bertha Mason, de Wide Sargasso Sea, de Jean Rhys

He de reconocer que las que he colocado en los dos primeros puestos son mis favoritas. Bertha Mason aparece en Jane Eyre, novela antes mencionada, cumpliendo el clásico rol de la mujer histérica, que tanto se popularizó en la época victoriana y sigue aún en nuestra época (poned la típica película para televisión de «mujer perturbada se obsesiona con un hombre casado y mata a un montón de personajes secundarios antes de ser encerrada»).

Sin embargo, en Wide Sargasso Sea aparece como protagonista y podemos extraer, como conclusión, que, sin lugar a duda, Antoinette Cosway (Mason antes de casarse con Rochester) es víctima de todos los discursos raciales, coloniales y patriarcales que se dan en la sociedad. Este gran personaje representa la voluntad de luchar por la libertad hasta el último suspiro, aunque ello suponga incendiar hasta los pilares el mundo que ella conoce.

1. Medea, personaje mítico griego

Cuando Jasón, mítico capitán de los argonautas, llega a la Cólquide, conoce en la corte del rey Eetes a su hija Medea. Ella le ayuda a obtener el trofeo del vellocino dorado, pero también mata su hermanastro. Cuando vuelven a Grecia, él la abandona por la joven hija del rey de Corinto y, según algunas tradiciones, ella mata a la nueva mujer de Jasón y a sus propios hijos. Toda la historia de este grandioso personaje está plagada de muertes y asesinatos, pero también de su propio sufrimiento.

Medea para mí supone el emblema del enemigo del patriarcado. Fue sin duda creada por él, para poder imponer el discurso de cómo no debe ser la mujer. De hecho, se conoce que existía la controversia en el mundo antiguo entre aquellos que utilizaban a Medea para infundir terror, y aquellos que consideraban que era un personaje de gran virtud, enfrentado a muchas dificultades. Ya desde los albores de nuestra cultura, la figura de la mujer autónoma se tiñó de los adjetivos que se han ido repitiendo a lo largo de nuestra historia. Medea es bruja, Medea es infanticida, Medea es feminicida, Medea es parricida, Medea es fratricida, y, por último, Medea es aterradoramente independiente, sin temor a luchar hasta morir por su libertad.

Hasta aquí mi recopilación de personajes femeninos poco convencionales. Espero que os hayan gustado y, si no habéis leído las obras en las que aparecen, os pongáis de inmediato, porque son geniales.

¡Salud y lectura!

21 de noviembre de 2017

Reseña: Alevosías – Ana Rossetti

¡Hola, bookdiseos! Hoy os escribe Sur con la intención de traeros una nueva reseña después de varias semanas de ausencia impuesta por cuestiones académicas.

Hoy hablamos de narrativa breve y, más concretamente, de relatos eróticos. A decir verdad, el subgénero de la literatura erótica siempre me ha llamado la atención, aunque no suela consumirlo tanto como otros. Todo empezó hace bastantes años de la mano de Almudena Grandes y su novela Las edades de Lulú. Este libro me sorprendió bastante y me dio a conocer un tipo de literatura que nunca había explorado de manera más seria. Así, comencé a bucear en los famosos premios de La Sonrisa Vertical.

Como ya sabéis, además, soy bastante aficionada a leer a los autores de mi provincia y como poetisa ya conocía y admiraba a Rossetti. De este modo, decidí hacerme con el libro en la versión reeditada de la editorial independiente Ya lo dijo Casimiro Parker.

Alevosías, como ya sugerí, obtuvo el Premio La Sonrisa Vertical de literatura erótica en 1991. En este libro se recogen 8 cuentos o relatos en los que la sexualidad, el deseo y todos los sentimientos que se desprenden de las grandes pasiones son el punto de partida. El lector es testigo, a veces incómodo, de una serie de situaciones que van desde el descubrimiento inocente de la sexualidad hasta la experimentación de un erotismo mucho más adulto e, incluso, culpable.

La pluma de la poetisa se deja notar en el estilo de la narración. La descripción detallada de los escenarios y cuerpos no solo rozan, sino que, en ocasiones, sobrepasan el lirismo. Los símbolos, metáforas y metonimias en lo referente a los órganos sexuales son casi constantes, con numerosas alusiones a conceptos o elementos religiosos. Los olores, fluidos y perfumes pueden casi palparse en la sinestesia de la prosa de Rossetti.

En lo referente al contenido, encuentro que muchos de ellos se quedan en lo meramente descriptivo o anecdótico, mientras que otros muestran bastante más complejidad no solo de la trama, sino también de los personajes.  

La fantasía está presente en algunos de estos relatos en los que lo que parece no siempre es. Este elemento fantástico se introduce a través de ensoñaciones o de personajes folklóricos misterios que conducen a los protagonistas a situaciones deseadas que se convierten en pesadilla.

Por lo general no existe ningún hilo conductor más allá del de la temática, sin embargo, hacia el final de libro encontramos 3 cuentos interrelacionados que comparten protagonista, Txomín. A través de estos, la sureña autora nos introduce en el mundo de las infidelidades.

Un punto interesante de este libro es el uso del narrador que desconoce lo que ocurre ocasionando una suerte de ironía dramática por parte de lector que observa, con cierta ternura, la inocencia del protagonista.

En general, la propuesta de Ana Rossetti me parece adecuada y, sobre todo, arriesgada. Y os preguntaréis por qué. Fácil. Debemos recordar que en los años 90 cuando esta obra fue publicada, la literatura erótica escrita por mujeres se pretendía dulce y pasiva. Rossetti se subleva con esta obra y a través de su poesía y muestra una mujer activa, decidida, provocadora y sin miedo a mezclar lo sacro y lo profano en su literatura. Su valentía puede verse en poemas como este, que os dejo como broche final de la reseña:

«Cibeles ante la ofrenda anual de tulipanes»

Desprendida su funda, el capullo,
tulipán sonrosado, apretado turbante,
enfureció mi sangre con brusca primavera.
Inoculado el sensual delirio,
lubrica mi saliva tu pedúnculo;
el tersísimo tallo que mi mano entroniza.
Alta flor tuya erguida en los oscuros parques;
Oh, lacérame tú, vulnerada derríbame
con la boca repleta de tu húmeda seda.
Como anillo se cierran en tu redor mis pechos,
los junto, te me incrustas, mis labios se entreabren
y una gota aparece en tu cúspide malva.